Posts Tagged ‘Socialdemocracia’
Lunes, Febrero 8th, 2010
La crisis del modelo económico ha puesto al descubierto las vergüenzas del sistema y ha desmontado algunos de los dogmas más repetidos por los neoliberales, dueños y señores de la escena del pensamiento económico desde hace décadas. Para impedir que tras la crisis el paradigma se reconstruya tal y como estaba (con las mismas piezas, con las mismas dinámicas) -como sucederá, sospecho- los que creemos en una gestión democrática y racional de la economía, tenemos que denunciar las contradicciones y las falacias dogmáticas del ultraliberalismo económico.
La crisis nos ha permitido sentir en toda su dureza las consecuencias de la desregulación, de la traslación de los centros de poder y decisión desde los parlamentos democráticos a las bolsas y a las consejos de administración.Nos ha revelado la artrosis que sufre la famosa mano invisible, incapaz de generar un beneficio público a partir de la suma de los privados gracias a una armoniosa distribución de recursos tal y como propuso Adam Smith. La mano invisible más bien ha servido y está sirviendo para la concentración de cada vez más riqueza en menos manos.
Caen los dogmas del neoliberalismo, pero hay que lamentar la ausencia de reflejos y de iniciativa de los partidos socialistas y socialdemócratas para proponer una alternativa global al modelo económico. ¿Qué es -además de un himno- y dónde está la Internacional Socialista?
Uno de los mitos neoliberales que se escucha con más frecuencia es el de que “la derecha gestiona mejor, más eficaz y más eficientemente los servicios básicos a diferencia de los manirrotos estatalistas”
Con el debate sobre la reforma sanitaria de los Estados Unidos, se ha hecho de dominio público el contradictorio dato de que EEUU es el país que más gasta en sanidad -en proporción a su PIB- de todo el mundo. Y eso, a pesar de que la asistencia no es universal, a pesar de que millones de ciudadanos no tienen derecho a la salud.
El modelo llamado asistencialista (gestionar a través de empresas) no es eficaz: no consigue su objetivo, en tanto que la mortalidad sanitaria en EEUU es más alta que la de la Europa de los 15. Eso si entendemos que el objetivo de un sistema sanitario es curar, es atender, es garantizar una mejor condición vital a los ciudadanos.
Tampoco es eficiente si atendemos sencillamente a los números: es caro, no es universal, los seguros sanitarios no cubren -ni con mucho- todas las eventualidades médicas (véanse las famosas precondiciones, un cruel régimen construido a base de letra pequeña que excluye a enfermos crónicos, personas con antecedentes familiares, etc etc)
Sin embargo no es necesario irse a Estados Unidos para observar la realidad de la “gestión indirecta” y de los efectos de las empresas sobre la calidad de la sanidad. De Estados Unidos no solo llegan películas, hamburguesas y modas comerciales, también llegan modas económicas y políticas: el mercadocentrismo (el mercado en sustitución de la política, el interés privado sobre el colectivo) también se está colando en nuestros sistemas de Bienestar.
No hay que irse a EEUU, como digo. Cuando hablamos de neoliberalismo y de catástrofe, basta con mirar la ya clásica tríada pepera: Madrid, Valencia, Murcia. Las comunidades que bloquean o privatizan la asistencia a los dependientes, las que menos invierten en educación o las que ponen en manos de empresas la gestión de las competencias que libremente decidieron desarrollar en sus estatutos de autonomía.
De los centros sanitarios construidos en Madrid en los últimos años, 17 están gestionados en mayor o menor medida por empresas privadas y uno de ellos (Valdemoro) lo está completamente, siguiendo el modelo del valenciano hospital de Alzira que literalmente quebró en su primer año y tuvo que ser rescatado con dinero del Estado. ¡Toma eficiencia, toma eficacia!. En este último tipo de hospitales corresponde a la empresa privada la construcción del edificio, la dotación del equipamiento y la contratación de todo su personal, incluido el sanitario. Una privatización en toda regla que ha sido denunciada incluso por la Organización Mundial de la Salud.
En el modelo mixto (o directamente privado) de la sanidad, las administraciones que no quieren serlo (que no quieren administrar servicios) pagan a empresas privadas una cantidad determinada por cada paciente durante 30 años, que es lo que duran los contratos (para evitar que un eventual cambio de gobierno los rescinda). Esta cantidad pagada por las comunidades a dichas empresas es superior a lo que tendrían que invertir si la gestión fuera directamente pública. Se rompe el mito de la eficiencia. La sanidad sale más cara.
El mito de eficacia también cae por su propio peso (si seguimos pensando -puede que crédulamente- que el objetivo último de la sanidad es la de proporcionar salud a los ciudadanos y no el enriquecimiento de los amigos de la marquesa o el molt honorable de turno) , ya que en esos hospitales gestionados por empresas (con mentalidad y objetivos empresariales) se recortan gastos en personal, materiales, etc cometiéndose auténticas barbaridades contra los derechos de los pacientes. Tampoco mejoran las listas de espera, todo lo contrario. La sanidad es de peor calidad.
Sí, nos engañan, nos estafan, les votamos. Juegan con nuestra salud, con lo más básico. Llámenme, llámennos demagogos, que ahí están los datos, para quien los quiera discutir.
Adam Smith, considerado el liberal original y seguramente más puro, sustraía la educación y la sanidad -además de la seguridad, la administración de justicia y la defensa nacional- del ámbito de lo privado. Consideraba, sencillamente, que estos eran ámbitos que no interesaban al sector privado. El Estado debía proporcionar seguridad exterior e interna a sus ciudadanos, además de protegerlos de la opresión. Pero este ultraliberalismo de hoy, esa mano trocada en garra, no entiende de límites, ni de ética, ni de democracia. Este ultraliberalismo es la opresión misma.
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Tags: + Derechos Sociales, Actualidad, Análisis, Comunidad Valenciana, Economía, Estado de Bienestar, Igualdad, Madrid, Nacional, oPPosición, Sanidad Pública, Socialdemocracia Posted in Antología de Ideas | 4 Comments »
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Domingo, Febrero 7th, 2010
La mayoría de los medios y encuestas coinciden en que si hoy hubiera elecciones, Mariano Rajoy -perdedor en dos ocasiones frente a Zapatero- se encontraría con una mayoría suficiente para entrar en la Moncloa.
Y digo que la derecha se encontraría de bruces con la presidencia a pesar de no haber salido a buscarla, a pesar de no haber hecho ni una sola propuesta más allá de las vaguedades habituales (“la mejor política social es el empleo”, etc).
La situación es muy gráfica. Así nos la dibuja Peridis en El País de hoy.

Un Rajoy hierático, descansado. Un Cristobal Montoro loco de contento ante las malas cifras de la economía española… y un Zapatero, que varita en mano no parece dar con la fórmula correcta. Nótese que según el dibujo, también Toxo y Méndez aparecen en frente (enfrentados) al gobierno. No parece, ciertamente, que el conjuro de las pensiones, anunciado a la ligera, haya caído bien entre los sindicatos ni entre los trabajadores. El 84% de los españoles rechaza el retraso de la jubilación. Ante esta última propuesta, Rajoy tampoco ha tenido que abandonar su proverbial siesta: el gobierno se desgasta solo. Rajoy pretende llegar a la Moncloa callando más que diciendo… y para él, quizás este sea el único modo de conseguirlo.
Para completar el plantel aparece Díaz Ferrán saliendo de una alcantarilla. Este representante de lo peor y más ruin del empresariado español, que se mostró conforme con el retraso de la jubilación llegando a proponer que se trabaje hasta los 70.
Hace falta una reacción por parte del gobierno. Y no una reacción en la política de comunicación o de maquillaje, como se le pide desde algunos ámbitos del Partido Socialista. Lo importante no es encontrar una forma más atractiva de “vender” como algo positivo cosas como la reforma en el sistema de pensiones. La reacción debe venir en la propia política económica del gobierno.
No hay que convencer a los ciudadanos de que a más esperanza de vida, jubilación más tardía, con tal de justificar una política que va en contra de los derechos de los trabajadores. Hay que buscar nuevas fórmulas para garantizar el futuro del sistema público de pensiones sin perjuicio de la mayoría de los ciudadanos. Mejor que trabajar más años es ser más productivos, optar por un modelo económico que abandone razonamientos especulativos, optar por unos impuestos más progresivos, perseguir el fraude fiscal y la economía sumergida, detener la sangría de recursos ocasionada desde hace años por la sistemática rebaja de impuestos en beneficio de los que más tienen, mantener o aumentar -en lugar de reducir como propone la CEOE- las cotizaciones empresariales a la Seguridad Social… y otras tantas medidas sociales que hagan real el motto con el que entramos en esta crisis: “que no la paguen los trabajadores”. Que no sufra el eslabón más débil de la cadena, que los que ya son víctimas, no lo sean aún más quedando indemnes los culpables de todo esto.
En resumen, necesitamos algo más que un aderezo en el envoltorio (que para eso sirve a veces la política de comunicación), hace falta que cambie el contenido de algunas de las políticas llevadas a cabo por el gobierno.
De no producirse esta reacción, Mariano se despertará de su siesta en 2012 para desperezarse en la Moncloa, para dar rienda suelta a todas esas políticas radicalmente antisociales que callan y ocultan a la ciudadanía. Cuando en España se esté desarrollando el programa electoral de Díaz Ferrán, será demasiado tarde.
Si un gobierno puede sacar a España de la crisis sin provocar una catarsis en los derechos sociales, ese es, debe ser, el gobierno del Partido Socialista. Tenemos que convencer de ello a partir de los hechos, no proponiendo cosas que incluso generan desencuentro en el consejo de ministros y que nos enfrentan con los trabajadores. Si alguien piensa que saldremos de la crisis -sin provocar una crisis en los derechos sociales- bajo un gobierno del PP, es realmente ingenuo o no se acuerda del decretazo, ni de la congelación de salarios, de la subasta de recursos públicos “a una peseta” en beneficio de gente como Díaz Ferrán, o no sabe que es lo que está pasando en las comunidades de Madrid, Valencia o Murcia con los servicios públicos…
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Lunes, Enero 4th, 2010

Con motivo de los ya próximos exámenes de enero, me he abstenido de comentar en esta bitácora las últimas noticias del extinto 2009. Sin embargo no he podido ni he querido dejar de hacer referencia a esta aberración sin precedentes con la que comenzamos el año los sufridos madrileños.
Al “abrir” los diarios digitales me he encontrado con que la plataforma conservadora y ultracatólica “hazte oir”, muy activa en distintas manifestaciones contra del gobierno socialista y defensora a ultranza de un modelo tradicional y excluyente de familia, tendrá su propia “carroza” -valga la redundancia- en la cabalgata que llevará a sus Majestades de Oriente por las calles de Madrid.
Así pues, no sólo los niños disfrutarán de este cinco de enero como venía siendo habitual. También lo harán los integrantes de la caterva conservadora madrileña, con su baba y su bilis cotidiana.
Una muestra más de que el Partido Popular practica en esta comunidad un ejercicio continuo de malversación. Telemadrid, usada como altavoz partidista, es malversación de caudales públicos. La “ayuda voluntaria” del Ayto. de Madrid (institución pública) para la celebración del último aquelarre supersticioso convocado por la Iglesia Católica (institución privada) en la plaza de Colón, es malversación. La conversión de una cabalgata en una manifestación política, es malversación, es utilización partidista de lo que es de todos. Es sencillamente repugnante.
Ahí tienen al moderado y dialogante Gallardón y a la “liberal” Esperanza Aguirre adoctrinando, o dejando que se adoctrine… ¡en una cabalgata de reyes!, permitiendo desfilar a Hazte Oir, una organización radical, posicionada políticamente y claramente alineada con las tesis de la jerarquía católica y la derecha (PP… y más allá).
Desde la oposición y desde COGAM, asociación que defiende los derechos LGTB (colectivo tan maltratado desde Hazte Oir) se ha exigido la dimisión fulminante del concejal madrileño Luis Miguel Boto (responsable de la autorización) y se ha condenado la repugnante contaminación de una fiesta infantil mediante unas inasumibles connotaciones políticas, religiosas y morales.
¿Cómo vamos a pedirles la separación Iglesia-Estado y que respeten la ética pública laica de las instituciones, si no son capaces de hacerlo ni siquiera para que la fiesta quede en paz?
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Domingo, Diciembre 6th, 2009

Hoy se cumplen treinta y un años de la aprobación de la Constitución Española. Es de justicia reconocer que, en perspectiva, esta es la constitución que más estabilidad ha traído al pueblo español y bajo la cual se han desarrollado distintos aspectos de nuestra vida política.
Dicho esto -que creo, es reconocido por casi todos- comienza a hablarse de reforma. Según EL PAÍS, el 84% de los españoles estaría a favor de una reforma. Esto no significa que un 84% de los ciudadanos considere que el texto es “malo” lo que quiere decir es que, más de tres décadas después y en un clima político diametralmente opuesto al de entonces, determinados asuntos necesitan una relectura.
La transición no fue un inmaculado camino de rosas como se nos ha dicho en muchas ocasiones. En la transición había terrorismos, había un ejército levantisco que amenazaba con cercenar el proceso, había una España temerosa en la circulaba con profusión la frase “esto acaba como en el 36″. Había una España en la que aún estaban frescos en la memoria la última ejecución franquista o los terribles sucesos de Vitoria, una España en la que recordar no convenía, en la que la Amnistía se confundía con la amnesia. Cuarenta años sin votar -sin oír hablar de partidos, sindicatos, votos, sin periódicos libres- dejaron en España una cultura política mutilada que despegó a los ciudadanos del proceso de transición, principalmente dirigido desde arriba. Una España que ni siquiera se planteó el hecho de romper con el último legado del franquismo: la jefatura del Estado impuesta en la figura del nieto del monarca que el pueblo expulsó a base de urnas. En este contexto, sólo se pudo llegar a un acuerdo de mínimos. Muchas renuncias por parte de una parte.
El resultado fue una constitución que dejó muchos cabos sueltos, que sin duda sirvió para sacar a España de su oscuro agujero, pero que tuvo la ambigüedad como principal fórmula para el consenso.
Puede decirse que en la actualidad, la realidad española ha superado a la Carta Magna en algunas cuestiones. Entre otras cosas, convendría revisar la cuestión territorial (apenas esbozada como una posibilidad en la Constitución), reconfigurar el Senado y tratar de cerrar el mapa competencial. En mi opinión habría también que revisar las privilegiadas relaciones entre la Iglesia y el Estado y los tratados contraídos hace décadas entre el último estado teocrático de Europa y nuestro estado democrático. También hemos alcanzado la madurez democrática suficiente como para decidir sobre el carácter democrático o privado de la jefatura del Estado. La ley electoral, manifiestamente injusta para partidos como Izquierda Unida, también habría de ser objeto de una reforma.
Cambiando lo que deba ser cambiado, España tiene derecho a dotarse, esta vez sin injerencias antidemocráticas y sin espadas de Damócles, de un texto adaptado a sus necesidades y realidades actuales. Es bueno que se abra el debate sobre el futuro de la Carta Magna y que caigan los tabúes, porque “ningún texto es sagrado”, como ha recordado hoy-por cierto- el primer lehendakari que conmemorar la Constitución que precisamente consagra y constituye, junto al estatuto vasco, el autogobierno de su comunidad autónoma…
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Viernes, Diciembre 4th, 2009

Jordi Solé Tura (23 de mayo de 1930 – 4 de diciembre de 2009).
Ponente constitucional por el Partido Comunista, más tarde militó en el Partido Socialista y fue ministro de cultura entre los años 1991 y 1993. En 2004 le diagnosticaron el mal de Alzheimer y ha muerto hoy en Barcelona a los 79 años de edad.
Descanse en paz.
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Jueves, Diciembre 3rd, 2009

El surgimiento de cada vez más voces discordantse dentro del PSM es síntoma de que las cosas no se están haciendo del todo bien. El proceso y la depuración al crítico, es símbolo de lo rematadamente mal que pueden llegar a hacerse las cosas en un partido político que camina ”sin cerebro”, “sin dirección” -como escribe Inurrieta en su post- (y sin oídos, añado yo) hacia una nueva derrota electoral.
No es derrotismo, es el pesimismo de la razón al que ya nos hemos acostumbrado, con el letal agravante de que ya ni siquiera se nos deja ser optimistas de la voluntad. Ya ni siquiera se permite pensar en un cambio, en una regeneración, soñar en un renacimiento de dentro a fuera de nuestros muros a partir del debate y la palabra. Es un pesimismo que además de en encuestas, se apoya en sensaciones.
La camarilla ha decidido expedientar (y puede que expulsar del partido) a un hombre que con respeto a las personas y sobre todo, con respeto a las ideas socialistas, lanza la siguiente advertencia:
Cuando todas las encuestas nos indican que el PP volverá a golear, e incluso se observa una tendencia a la baja en el PSM, fruto de la abstención, alguien debería sentarse, pensar y decidir que se requiere un cambio profundo, una verdadera revolución (…)
(…) Por favor, hagamos algo rápidamente, los electores ya no tienen paciencia.
Advertencia desoída, no ha lugar. Desde “arriba” se prefiere desoir la crítica, diluir el matiz, los peros y el quizás.
No reconozco en esta actitud (más propia del sovietismo o la derecha) al Partido Socialista. Y es que, el liderazgo de “vanguardia consciente” ejercido sobre una base yacente relegada solo a funciones “ejecutoras” en el seno de la verticalidad, no es propio de los partidos socialdemócratas. Que la socialdemocracia, nada es sin unas bases conscientes y activas, que la socialdemocracia nada será con un liderazgo de “élite” que no tolere contestación alguna. ¿La moqueta y el despacho tienen miedo al frío y el ruido de la calle?
Alejandro Inurrieta y otros compañeros de Madrid han (hemos) lanzado un grito para modificar el más inquietante de los silencios, ese silencio que vacía espacios, que ataca a la razón crítica y extiende la uniformidad en torno a “la nada” política.
Evidentemente, quiero mostrar mi apoyo a Alejandro Inurrieta. Y condenar la condena que se le va a imponer con casi total seguridad. No parece que el proceso iniciado contra él vaya a terminar felizmente, y es que el insensato ha incurrido en los graves pecados de la sinceridad, la claridad y la discrepancia intelectual, anatemas de hoy, de ayer y siempre. Pecados originales.
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