Posts Tagged ‘Europa’
Domingo, Septiembre 27th, 2009
 A estas horas ya se conocen los resultados provisionales de las elecciones generales alemanas. No hace falta esperar a los definitivos, ni siquiera el líder de la socialdemocracia los ha esperado para salir a reconocer que este fracaso “no tiene maquillaje posible”. El batacazo del SPD no tiene paliativos, pero sí muchas lecturas.
El SPD, el partido socialista más antiguo de toda Europa (fundado en 1863), vinculado a todas y cada una de las conquistas políticas y sociales de los trabajadores de aquel país y faro de referencia para otros partidos socialistas europeos, está en una severa crisis. Ya lo estaba, pero hasta hoy no se ha certificado la muerte de una estrategia que se demuestra, a ver si lo aprendemos todos los socialistas, errónea y abocada -lo vemos- al fracaso.
Tras la pesadilla de la segunda guerra mundial y bajo los principios de la llamada “socialdemocracia clásica” el SPD ostentó el gobierno de la República Federal Alemana en no pocas ocasiones, desarrollando políticas exitosas conducentes al Estado social benefactor e identificándose felizmente estas siglas históricas con las reivindicaciones de la mayoría de las clases medias y de los trabajadores. Ese era el éxito de la socialdemocracia y la Alemania Federal avanzó mucho en esos años.
En los últimos 11 años, los alemanes han conocido al SPD en el gobierno, los últimos cuatro, con la conservadora CDU en la que se vino a llamar, por sus proporciones, la “Grosse Koalition” (la gran coalición).
Y de ahí, de esa coalición que se firmó en 2005 con la principal fuerza de la derecha, y de la propia inercia hacia el “centro” que se seguía desde los últimos años de gobierno de Gerard Schröder… viene la “grosse krisis” del hoy malherido partido socialdemócrata.
Hay que reparar en el sintómatico caso de Die Linke (La izquierda), un partido de los llamados alternativos, que surge no sólo a la izquierda del SPD sino, en parte, desde el propio SPD. Basta con decir que uno de los líderes de este nuevo partido es Oskar Lafontaine, nada más y nada menos que un ex-presidente del partido socialdemócrata que, descontento con el progresivo giro a la derecha de su hasta entonces partido, decidió unirse al comunista Gregor Gysi en esta nueva aventura política de resultados nada desdeñables (se habla de que obtendrán algo más del 12% de los votos). Es de suponer que hacia La Izquierda, se ha ido parte de esos votos socialdemócratas descontentos con el papel de su partido dentro de la coalición con Merkel.
Y es que en esa coalición CDU-SPD cada vez se veían menos las lineas divisorias, cada vez más borrosos los puntos innegociables que imponían a su socia de gobierno -la canciller Merkel- los ministros socialdemócratas. Esa osmosis, esa dificultad por dilucidar donde acaba la gestión de la CDU y dónde empieza la influencia del SPD en el gobierno, también se ha hecho notar en una campaña donde no ha podido haber “reproches” entre los dos grandes partidos (entiéndase reproche en el sentido ideológico, teórico y no infantil del término).
Así que Alemania tendrá, desde hoy, un gobierno de derecha declarada. Porque como ya se ha señalado en anteriores reflexiones, entre la copia (una izquierda descafeinada, entregada a la quimera del “centro” político) y el original (la derecha parlamentaria) siempre se optará por el original. Así, el pacto entre liberales y conservadores está más que cantado: la derecha tal cual.
Como norma general de estas elecciones, los partidos pequeños han ganado terreno a los considerados partidos tradicionales. Punto también a tener en cuenta.
En resumen, que el SPD se ha sumado a unas políticas que no son las suyas. unas políticas que los votantes potenciales de ese partido no han identificado ni reconocido. Una lección que tenemos que aprender, pues para eso están las lecciones, en todos los partidos socialistas europeos. En parte la derrota socialista en las pasadas europeas tiene que ver con esta situación y Alemania confirma la tendencia: si perdemos la identidad estamos perdidos.
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Martes, Julio 21st, 2009
Indignados por la visita del ministro Moratinos, se han plantado en el lado español de la verja para reclamar tras trescientos años, la soberanía española sobre la roca, los monos y los autobuses de dos plantas.
Uno, que no se deja llevar por el fútil jingoismo travestido de patriotismo, piensa que es una tontería reclamar la reversión de un tratado firmado por un monarca español hace más de trescientos años, un tratado por el cual se reconocía legalmente la soberanía de ese trozo de tierra ocupado de facto por la armada inglesa, que vino a defender los intereses de su favorito al trono español en detrimento del otro candidato, con el que se partía la cara en la guerra de Sucesión, esa pugna por un suculento botín llamado España y que incluía una cabaña de reses heredables a través de los siglos llamada “españoles”.
Los tejemanejes monárquicos, casi siempre asociados a la guerra y la conquista, iniciaron aquella situación. Y ahora, los patriotas oficiales van a la verja a gritar “¡Gibraltar español!” pertrechados, sin duda, de numerosas banderas coronadas por coronas, valga la redundancia.
No merece la pena enturbiar las relaciones diplomáticas con ningún Estado por la soberanía (legal, por la firma de ese papel) de un nimio territorio, por muy “mono” que sea. Por muchos monos que tenga.
Disculpen la frivolidad, pero no imagino que pasaría si algún genio pidiera la nulidad de la soberanía mejicana respecto a España, declarada en 1810 y reconocida por nuestro país (con la firma de otro papel) en el año 1824.
Más frívolos (e irresponsables) son los representantes del PP y adláteres (Denaes) que han azuzado sin reparo los sentimientos ventrales de aquellos que se sienten heridos en su honor y en su orgullo, de aquellos -que los habrá- que sienten les falta un trozo de su corazón faltándonos Gibraltar (o Méjico).
Perejil volvió a la madre patria con la que fue la mayor operación anfibia desde el desembarco de Normandía (la ironía es más que notable a estas alturas, creo). ¡Vamos ahora a por Gibraltar!
En fin, un último apunte de percepción subjetiva: quienes claman por la recuperación de Gibraltar, mano en pecho, son quienes, mano en bolsillo, están más interesados en que ese trozo de tierra siga siendo un paraíso fiscal ajeno a nuestra administración y a nuestra legislación. Tan sólo una percepción subjetiva…
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Miércoles, Junio 24th, 2009
 Alguna vez he citado en este blog el libro No pienses en un elefante, un interesante repaso por las tácticas de comunicación política y “activación” de valores, actitudes y respuestas en la ciudadanía a través de mensajes políticos.
Los neocon estadounidenses inventaron muy habilmente el concepto de “alivio fiscal” para dulcificar y suscitar simpatía entre quienes asistían como votantes de clase media y trabajadora, al desmontaje del sistema de protección y bienestar social que se inició a comienzos de los ochenta.
Reagan mató a Roosevelt, al New Deal. Reagan comenzó la desregulación y destejió la red de seguridad que había permitido a los trabajadores contar con una fortaleza y una seguridad económica como nunca tuvieron. La política neoliberal en los EEUU, no solo aplicada por los republicanos, condujo a que en 2005 -en los prolegómenos de nuestra presente crisis- el 1% de la población poseyera nada más y nada menos que el 30% de toda la renta del país, cifra idéntica a la habida en los años veinte, justo antes de la Gran Depresión.
Las dos grandes crisis del capitalismo han tenido mucho que ver con la avaricia, la desregulación y el selvático proceder de algunos peces gordos de la economía falsa y la intangibilidad en combinación con incertidumbre y desprotección para familias y trabajadores.
Las políticas intervencionistas, de derechos laborales, inversión pública, protección y seguridad social del keynesianismo (que necesariamente reclama una política fiscal activa) redujo a la mitad la falla, la diferencia entre ese 1% y el 99% restante.
En los años del keynesianismo, el 1% de la población poseía un 12% de la riqueza nacional, lo que implica más riqueza en forma de derechos sociales y prestaciones en las capas intermedias de la sociedad. En aquellos años se pusieron en marcha ambiciosos programas de lucha contra la pobreza y la exclusión y se sentaron las bases de un sistema social de educación y salud que por desgracia, fueron truncados..
Pero bueno, acabemos con este excurso con el que solo quería evidenciar el cambio que supuso el ascenso y la perpetuación del reaganismo. Como se implantó un modelo con el amable lema del “alivio” en sustitución de otro que obviamente beneficiaba más a la gente común y menos, por ejemplo, a los vampiros de los seguros privados de salud (recomiendo ver el documental Sicko).
El destartalamiento del Estado, de lo público en favor de lo privado significa básicamente, abstencionismo del poder público a la hora de gestionar; significa que el poder público vende (o regala, si son generosos como lo es Espe con el Opus Dei) la tarea de gestionar los servicios, a las empresas privadas. Todo el mundo puede intuir el consiguiente adelgazamiento que se deriva de un Estado que no ejerce como tal. Aquí entra en juego el papel de los impuestos y sus bajadas, ofrecidas como un caramelo cuando llegan las citas electorales y presentadas como un “alivio” después de un consecuente y penoso esfuerzo, que son las tasas.
Como la comprensión del milagro de los panes y los peces queda reservada a unas pocas mentes iluminadas, resulta evidente que a menos fondos en el erario: menor capacidad para reequilibrar, restaurar o corregir desequilibrios, menor margen para la elaboración de unas políticas públicas básicas, esenciales e irrenunciables como la educación o la sanidad. Ahí comienza la subasta literal de los servicios, el trasvase desde lo público a lo privado, desde el servicio a la rentabilidad económica, desde la universalidad al previo pago.
Y ese es, por desgracia, el mensaje que triunfa y se impone. Ese es el agua envenenada que toca ambas orillas ideológicas: los impuestos son impopulares, con impuestos no se ganan unas elecciones, es preferible automutilarnos, renunciar a los 20.000 millones de euros que suponen las rebajas fiscales llevadas a cabo por PP-PSOE sólo en los últimos años, que perder ante las urnas.
Desde luego es más fácil (e irresponsable) hacer esto que hacer pedagogía, que explicar la socialdemocracia y el Estado del Bienestar, que explicar que quienes piden eliminar los impuestos de los yates son otros, que quienes naturalmente no quieren gravar los artículos de lujo y las grandes fortunas son otros, que quienes no quieren progresividad en los impuestos (quien más tiene más paga), son los que más tienen: quizás ese 1% al que me refería ut supra. La socialdemocracia nunca estuvo en esos postulados. No es su terreno.
Los impuestos son vistos como una carga que requiere de alivio, no son concebidos como un salvoconducto de derechos y oportunidades iguales para todos en el marco de un Estado Social. Triunfa el trasvase hacia lo privado, en lugar de una gestión razonable y positiva desde lo público.
En definitiva, la izquierda, la socialdemocracia pierde fuelle a medida que la política desde el Estado pierde relevancia como palanca de cambio de la sociedad. Con un estado desarbolado y débil que cede sus funciones y acude con cada vez más frecuencia a las externalizaciones, la política como ejercicio, sencillamente avanza hacia su final. Y también la democracia, porque los ciudadanos todavía podemos elegir al gobierno de, pongamos, la Comunidad de Madrid, pero no el consejo directivo de Capio, la empresa privada multinacional que gestiona buena parte de los nuevos, costosos, mal atendidos y precarios hospitales de la región.
Este es el “alivio” que nos prometían los neocon, esta es la fórmula triste y perversa con la que hemos acabado comulgando o, en el mejor de los casos, no hemos sabido evitar. Permitimos que los futbolistas multimillonarios del extranjero solo paguen un 24% de impuestos, eliminamos impuestos que sólo benefician a porcentajes exigüos de la población, seguimos teniendo unas tasas no del todo progresivas y algunas de nuestras medidas económicas (buenas en sí mismas, como los 400 euros, el plan 2000E o el cheque bebé) siguen sin serlo, siguen sin ser progresivas, perpetuándose la desigualdad.
En los impuestos, como en todo lo demás, los socialistas tenemos que seguir el camino de la pedagogía, tenemos que cultivar ese republicanismo cívico que Zapatero dice admirar, tenemos que alimentar la conciencia ciudadana y presentar los impuestos como la metafórica cuota de un carnet que acredita nuestra afiliación a un “club” del que deberíamos a estar orgullosos de pertenecer: la ciudadanía, donde encontramos una relación de derechos y obligaciones, obligaciones hacia nosotros mismos, ante la ley, pero también ante los demás, ante el resto de nuestros conciudadanos y especialmente hacia quien menos tienen.
El Estado Social y de Derecho no es un cajero automático. Es solidaridad, es “promover el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos una digna calidad de vida” (comillas sacadas del preámbulo de nuestra Constitución española)
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Tags: + Derechos Sociales, Actualidad, Análisis, Economía, Estado de Bienestar, Estados Unidos, Europa, Igualdad, Nacional, oPPosición, Sanidad Pública, Socialdemocracia Posted in Antología de Ideas | 20 Comments »
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Lunes, Junio 15th, 2009
En el contexto de suspicacia y desconfianza hacia la inmigración, fenómeno al que no pocos italianos responsabilizan de todos los males de un país en verdad aquejado por el mal gobierno y las corruptelas de su primer ministro, ha surgido un grupo paramilitar de “vigilantes” que, bajo las premisas de “preservar la integridad nacional” y “vigilar a los inmigrantes” están patrullando ya las calles italianas ataviados, o disfrazados, al más puro estilo fascista.
Las leyes xenófobas impulsadas desde el gobierno son los polvos para estos lodos que enfangan la nación italiana. Una Italia que no recuerda ni aprende de su Historia. Un país que pasó de democracia a dictadura totalitaria gradual, pasmosa y firmemente a través del populismo, el personalismo, la concentración de poder, el despertar de las bajas pasiones, el resentimiento, la prepotencia y la arbitrariedad. La arbitrariedad que sin duda, prometen estos salvapatrias que le harán el trabajo sucio a Gianfranco Fini (presidente de la Cámara de representantes, ex-lider del fascista Alianza Nacional, ahora integrado en el partido de Berlusconi y posible sucesor de este) o a Roberto Maroni, otro neofascista de tomo y lomo que desde su cartera ministerial ha impulsado la creación de este cuerpo de vigilantes.
El ascenso del fascismo tuvo sus camisas negras, grupos paramilitares que han inspirado a esta pandilla de matones contemporaneos. Tuvo su Duce, un ser demagógico que se encaramó al poder empleando las instituciones democráticas y los procedimientos electorales para crear un régimen a su imagen y semejanza al servicio de unos intereses. Quien conozca el imperio empresarial y mediático de Berlusconi, el modo en que censura informaciones periodísticas y su habilidad para rodearse de grupusculos de extremaderecha, encontrará en la Italia de hoy tristes coincidencias con la Italia que inspiró también a nuestras camisas azules.
En estos tiempos de crisis, los sin escrúpulos recurren al bajo vientre para encontrar apoyos. En estos tiempos en los que las clases medias sufren las consecuencias de la marejada económica pueden proliferar los iluminados y los radicalismos. ¿Cómo puede llegar a degradarse tanto la calidad democrática de un pueblo? ¿qué va a pasar en Italia? ¿Cuando acabará esa insoportable borrachera que ciega y maltrecha a nuestros vecinos mediterraneos?
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Lunes, Junio 8th, 2009
 Tenemos una Europa más conservadora, más euroescéptica y más xenófoba. Al menos este es el enunciado teórico que se desprende de la lectura de los resultados electorales europeos producto de los comicios que se han celebrado entre el cuatro y el siete de Junio en los veintisiete países de la Unión.
Bajan los socialdemócratas (que consiguen vencer en Grecia, Rumanía, Chequia, Suecia, y Dinamarca) cediendo a los conservadores la mayoría que ostentaban en países como Reino Unido, España o Portugal. Sube la derecha y también lo hace su versión más extrema y eurofoba, para preocupación de todos.
Se presenta un escenario poco o nada favorable para quienes compartimos una visión principalmente política de la Unión y para quienes deseamos que ésta se amplíe en sus miembros (pensando en Turquía, a cuya entrada se opone la práctica totalidad de la derecha europea encabezada por Sarkozy y Merkel), para quienes aspiramos a una UE que profundice en sus potestades y que aumente su peso específico en estos cruciales estadios previos a la fragua de una proyecto de federación que aparece ahora más improbable en manos de quienes solo se interesan por la “liebre económica” europea.
Estamos en una crisis de derechas. Una crisis global acelerada y agravada por los procederes neoliberales consistentes en soltar las bridas de la economía, aún a riesgo (confirmado) de que puedan ser arrollados quienes sencillamente pasaban por allí.
En este contexto de crisis de un modelo que no es el nuestro -que no es el socialdemócrata- no se ha producido en Europa el cambio político que sí se produjo al otro lado del atlántico. Allí no resultaba lógica la reelección de las ideas de los gurús de las stock-options y de las hipotecas basura, las ideas de la depredación, del dinero fácil y el empoderamiento de los consentidos especuladores que jugaban con el dinero de las familias en detrimento de la economía real y productiva. Sin embargo somos los socialdemócratas, los que creemos no en una regulación subsidiaria y esporádica de la economía, no en los interesados “paréntesis” en la supremacía del Mercado sino en la normalizada intervención y supervisión pública (ergo democrática) de la economía, quienes hemos salido derrotados en Europa.
¿Por qué se ha producido esta paradoja en todo el continente? ¿En qué han fallado los progresistas en esta convocatoria? Estas elecciones han sido unas de las más relevantes dado el contexto de incertidumbre y de decisoria encrucijada ¿por qué la participación ha vuelto a caer en picado, continuando con la inercia descendente? ¿Comenzaremos los socialdemócratas a explicar Europa con seriedad desde mañana mismo o volveremos a dejar pasar la ocasión? ¿Volveremos los socialistas, sempiternos abogados del internacionalismo, a embotarnos en nuestros Estado-nación y en nuestros partidos nacionales sin refundar un verdadero Partido Socialista Europeo, con actividad y presencia política más allá de la del grupo parlamentario? ¿Cómo podemos asumir que zonas industriales y trabajadoras como el norte inglés caigan en manos de los nacionalistas xenófobos y recalcitrantemente euroescépticos? ¿Cómo hemos podido comprometer de tal manera el futuro de la UE y de los derechos sociales, dejando Europa en manos de gente como Berlusconi o Mayor Oreja, arriesgándonos a que se abra de nuevo la caja de pandora de las 65 horas semanales?
Son algunas preguntas que estaría bien responder clarividentemente. Son las preguntas que nos hacemos, creo, los militantes y votantes del socialismo europeo. Los que sabemos que lo podíamos haber hecho mucho mejor si hubiéramos comunicado mejor y si hubieramos llamado a la movilización desde la concienciación como producto de cinco años de explicación y pedagogía europeísta.
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Lunes, Junio 8th, 2009
 La derecha ha ganado las elecciones europeas: mi honesta enhorabuena al plácido candidato, a Esperanza Aguirre, a Díaz Ferrán, a Granados, a Aznar, a Camps, a sus amiguitos del alma y a Fabra. También a Berlusconi y a los gemelos Kaczyński.
No ganar unas elecciones nunca es plato de buen gusto, para qué negarlo. En quienes no ganan se instala la contrariedad, mientras en la acera de los vencedores se afinca la euforia. El PP lleva sin oler la victoria en una convocatoria a nivel nacional desde el año ya lejano año 2000.
Qué siga, pues, la euforia en Génova y que boten en el balcón, que celebren esto como la reconquista que no es ni será. Una reconquista que tiene un punto de inflexión, según dicen, en el día de hoy. Siento aguarles la fiesta, pero no creo tal cosa.
“Con la que está cayendo” de crisis… y con la demagogia, la irresponsabilidad y la falsedad que están arrojando sobre ella, puede concluirse que la victoria no ha sido para tanto.
Europa nos muestra que todos los partidos en el gobierno de los distintos países, sean del color que sean, han retrocedido como consecuencia de la crisis. Y la experiencia nos muestra que unas elecciones europeas no son necesaria transposición de lo que sucederá en unas generales a tres años vista.
Las elecciones al parlamento europeo no pueden ser tomadas como fiel anticipo de lo que vendrá, dado que éstas, no ofrecen, desgraciadamente, el carácter movilizador de otro tipo de convocatorias: esa movilización que da la victoria a la izquierda. En las generales de 2008 sacamos más de un millón de votos a la derecha con una participación del 75,4%.
Los resultados obtenidos por el PP no son suficientes para tramar una moción de censura a Zapatero ni para adelantar las elecciones. Sí serían suficientes, curiosamente, para quitarse de enmedio a Rajoy, pues Aguirre y sus medios de comunicación llegaron a pedir la cabeza de éste si la diferencia con el PSOE no era de más de 10 puntos.
Y la diferencia ha sido de dos escaños. Así que no es para tanto, Sr Rajoy.
Hagamos un excurso para hablar de Madrid y de la Comunidad valenciana. A pesar de los bochornosos casos de corrupción política y de pillaje que afectan al PP en estas dos regiones, consiguen ganar holgadamente. Se hace necesaria una “respuesta” por parte del PSOE en Madrid, que es la que a mi me atañe, me deprime y desespera especialmente. Una respuesta que no puede esperar a 2011.
En cuanto a los resultados globales en toda la UE, poco que añadir pero mucho que reflexionar. Será en los próximos días.
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