Hacienda tenemos que ser todos
Lunes, Abril 12th, 2010
El de “Hacienda somos todos” es uno de los slogan institucionales más recordados, repetidos y exitosos. Sin embargo, esta sencilla frase que recuerda a los españoles su responsabilidad contributiva anual para con las arcas del Estado, se olvida a menudo y se pervierte a golpe de realidad.
El artículo 31.1 de la C.E establece que todos los españoles contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad.
Para el sostenimiento de los gastos públicos, el Estado impone a los ciudadanos una participación económica según los preceptos constitucionales de “igualdad” y “progresividad”, confirmados por la numerosa jurisprudencia constitucional al respecto.
De tal modo que Jaume Matas y Carlos Fabra son Hacienda. Los deportistas españoles que ondean briosamente la bandera cuando ganan… pero se llevan los ahorros a Suiza, también son Hacienda. Los empresarios españoles que hacen algo más que turismo en Gibraltar, las Caimán o las Seychelles, también. Y los de las intolerables SICAV. Y ni siquiera hay que irse tan lejos ni buscar a los grandes defraudadores: tu vecino el autónomo – el que solo trabaja sin factura- ese también es Hacienda. O debería serlo. Todos deberíamos serlo.
La economía sumergida en España supera el 25% del PIB, duplicando la media de los países europeos (13%). Recordemos que cuando hablamos de economía sumergida, estamos hablando de fraude, de la ocultación bajo cuerda de 208.000 millones de euros y de la pérdida vía impuestos de 21.000 millones.
¿Por qué en España se defrauda el doble que en el resto de Europa?. Cabría pensar que tenemos unos impuestos abusivos, exagerados, que obligan a la gente a buscarse las vueltas incluso recurriendo a la antropológica “picaresca española”.
Lo cierto es que España es uno de los países en los que menos impuestos se pagan -amén de las sistemáticas bajadas de impuestos que han realizado los distintos gobiernos, cuestión que ya hemos comentado aquí-. Por ejemplo: el IVA que revuelve a Esperanza Aguirre, actualmente se sitúa en un 16%, el más bajo del entorno, y su subida, aunque pueda discutirse, será reducida…
Si desde lo objetivo no se puede explicar estos quiebros y requiebros para esconderse del fisco, habrá que acudir al análisis de las percepciones subjetivas: a la cultura política.
En cierta medida ya abordamos esta tarea en otra ocasión [Alivio fiscal y fin del Estado del Bienestar] haciendo referencia al impacto de los coronados mensajes del neoliberalismo sobre nuestras vidas.
¿Cómo no se va a engañar a la sociedad mediante la no declaración de impuestos? ¿cómo vamos a ser corresponsables de la buena marcha de la sociedad política y de las arcas del Estado si, directamente “la sociedad no existe” y el “Estado es parte del problema” ? Ese era el mensaje básico y sociopata de Reagan y Thatcher, literal.
La sociedad no existe, los ciudadanos no somos ciudadanos, somo -solo-individuos, somos átomos individualizados, no parte activa de un sistema. Debemos preocuparnos de nada más que de nuestro ámbito más cercano sin permitir que nadie ni nada entre en nuestra burbuja -incluido el Estado- y para eso, dicho sea de paso, “dios” nos dio el “derecho” de poseer armas. Eso sí, tenemos todo el derecho del mundo para quejarnos de las infraestructuras, de la sanidad y de lo bajas que son las pensiones.
Los trabajos del CIS sobre cultura política en España nos revela que cada vez somos más individualistas, que cada vez confiamos menos en los políticos, en la política, en lo que es de todos… y no solo eso, también desconfiamos del resto de ciudadanos. Solo así, desde una perspectiva asocial puede entenderse esta relación de enemistad con casi todo lo que trascienda los X metros cuadrados de nuestra vivienda.
Un amigo, conocedor cercano de la realidad escandinava me dijo que en Suecia engañar al Estado es poco más o menos como engañar a tu familia, como ocultar una infidelidad. Y eso que en Suecia se paga un IVA del 25% y por tanto, la contribución fiscal personal es mayor.
Puede decirse que en esos países, que han construido su modernidad desde la democracia -desde la socialdemocracia- y que han emprendido la construcción del mejor sistema de protección social posible como una tarea nacional y transgeneracional, sí existe una conciencia cívica y social plena. Existe y puede existir como un valor la idea de la solidaridad, tan denostada por el ultraliberalismo.
La presión social -y en consecuencia legal- sobre el defraudador, sobre el político corrupto o sobre el empresario irresponsable debe ser mucho mayor en ese contexto socio-político que la que se produce en este país en el que se celebra el engaño a Hacienda, en el que la corrupción no tiene impacto electoral para muchos ciudadanos y en el que los empresarios chapuzas llegan a presidir la patronal.
Como casi siempre digo, los problemas, los vicios que se enraizan en la cultura política solo pueden ser subsanados mediante la pedagogía, mediante la reflexión, el debate y la conciencia.
No puede ser que Hacienda seamos todos -pero unos más que otros-.








