Caín

El último libro de José Saramago levantó una agria polémica en los círculos más conservadores y religiosos de Portugal. Por lo excepcional e incendiario de lo escrito, dios debió ponerse en contacto telefónico con un eurodiputado portugués para comunicarle su irritación y su malestar con el libro de su compatriota, y éste representante del pueblo (o de dios) -muy resuelto- pidió a Saramago que renunciase a su nacionalidad portuguesa. Nada más y nada menos. Algunos católicos se ponen con Saramago como algunos islamistas con Salman Rushdie.
En nuestro país, ya antes de que se publicara, en distintas columnas y páginas españolas que frecuento por pura diversión (y que siempre me parecieron muy contrarias a los buenos sentimientos cristianos) se podían leer grandilocuentes agravios y temibles condenas a los infiernos emitidas contra el premio Nobel portugués. No sé si esos “perritos de Pavlov que reaccionan inmediatamente al estímulo” habían leído lo último de Saramago en el momento en que le ponían a caer de un burro.
Yo sí lo he leído, comencé su lectura el viernes y cuando llegó el lunes ya lo había acabado. Eso no dice tanto de mi velocidad lectora (que se ajusta a la de la media), como de la calidad y de la adictiva narrativa de este genio llamado José Saramago.
Habiendo leído la obra, no entiendo el enfado ni la indignación de los católicos. Lo que hace Saramago en su obra es divulgar el Antiguo Testamento, darlo a conocer incluso a aquellos que sólo lo habíamos mirado por encima y desde lejos. Es decir, hace un bien a los propietarios intelectuales de los libros de la fe y a sus vendedores.
En esta obra, el autor nos propone un bonito viaje por varios de los episodios más conocidos de las escrituras, con Caín como guía de excepción. Los pasajes que se relatan no son novedosos, no deben avergonzar ni escandalizar (supongo) a ningún católico, pues todo aquello a lo que se refiere Saramago viene escrito en el best seller que lee el pastor en la parroquia cada domingo y que ellos mismos leen antes de acostarse sin que les acudan las pesadillas.
Así, de la mano del proscrito Caín (el que fue despreciado por dios aún siendo tan bueno, tan pío, tan trabajador y tan buen hijo como su hermano Abel), asistimos a la destrucción de Sodoma y Gomorra en castigo por el pecado cometido por sus hombres (aunque el azufre, el fuego y los escombros cayeron igualmente sobre los niños inocentes y sus madres).
Podemos ver a Abraham alzar el cuchillo para degollar a su único hijo sólo para que dios se congratule de la obediencia ciega de aquel infeliz servidor.
Como Dios ofrece su ayuda a su pueblo en distintas batallas en las que se aniquilan poblaciones enteras, se queman viviendas y se rajan cuellos por doquier en nombre de dios. También podemos asistir a la consumación de varios incestos y a la comisión de tropelías semejantes, tal y como explicita o se deja entrever en las escrituras.
Como mueren los rebaños de Job (tan en boga últimamente gracias a Rajoy), como se derrumban sus posesiones y su fortuna, como fallecen uno por uno todos sus hijos y como se llaga por completo su cuerpo solo para dilucidar el resultado de una apuesta entre dios y el diablo sobre el límite de la paciencia del pobre Job.
Como dios condenó a los hombres a no entenderse solo porque estos pretendieron llegar a lo más alto con la construcción de la torre de Babel.
O finalmente, como se aniquila sin más todo cuanto hay sobre la faz de la tierra (salvo a los viajeros del famoso arca de Noe) para refundar la humanidad. Dios no quedó contento con su trabajo inicial.
Se nos aparece, pues, un dios violento, terrible, caprichoso, vengativo, sádico, casi un torturador que gusta jugar con sus marionetas. Nada que no pudiera deducirse de una lectura de los textos llamados sagrados. La otra cara de un dios, que, dicen, “es amor”. Saramago no descubre la pólvora en su último libro, todo eso está escrito ya hace siglos: quienes se indignan con él se están indignando con la santa madre Iglesia y con sus bases textuales. Y no les falta razón. Hay mucha barbaridad en esas páginas, pero se ha producido y se produce todavía más barbaridad de la interpretación de las mismas. ¿Cuántos crímenes en nombre de dios o de los dioses? los primeros se cometieron hace milenios y aún seguimos.
Saramago quería crear desasosiego con su nuevo libro, así lo dijo en la presentación. No quiere esto decir que quisiera enfadar a sectores de la población: a sus 86 años, el genio ya está de vuelta de casi todas las cosas, no creo que buscara polemizar solo para vender más o menos. No creo que el ganador de un premio Nobel, que el autor de “Ensayo sobre la ceguera” y otras tantas obras imprescindibles, pretenda estar más o menos en el ojo del huracán.
El desasosiego al que se refiere es el que nace de la reflexión final que se desprende de su obra: Dios no creó al hombre a su imagen y semejanza, fue el hombre el que creó a dios: fue el hombre el que creo a ese dios capaz de ser cruel, de ser vengativo, de ser violento.
Así, dios (o los dioses, pues hay más de uno y con nombre distinto dependiendo de a quién preguntes) es una creación cultural humana que pretende ser reflejo de lo que somos o podemos llegar a ser: malos, terribles, saqueadores, injustos, pequeños (aunque también buenos, ecuánimes y grandes)
Los genocidios, los éxodos, crueldades como las de los textos sagrados están también -cometidas en fechas más recientes- en los libros de Historia o en los periódicos (sobran los ejemplos). Dios es como nosotros hemos querido que sea, Dios es como somos. ¡Qué desasosiego!









Solo puntualizar que el Dios del Antiguo Testamento como dices es un Dios castigador y cruel, eso nadie lo duda, ningún teólogo. Jesucristo vino a la Tierra como encarnación de Dios para acabar con esa visión y dar una visión de como es Dios realmente, que es amor y perdón.
Y también te puntualizo que en Sodoma y Gomorra lo que se condena es el vicio y el sexo desordenado (como las orgías), los pueblos enteros habían pecado. No se condena la homosexualidad, se condena el vicio.
De todos modos el Antiguo Testamento cualquier teólogo, si es serio y no un radical obrero (Opus Dei), te dice que hay que cogerlo con pinzas e interpretarlo. Sodoma y Gomorra es un relato de la tradición judía de una época que hay que saber encajar y extraer lo que realmente comunica.
Un saludo.
Del Antiguo Testamento he leído solo fragmentos (y me parece bastante sádico, como dices). El Nuevo sí lo he leído entero y a mi también me parece una especie de corrección o rebajamiento de lo dicho en el Antiguo. Por ejemplo Cristo dice: “Habéis oído que se dijo: ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo que no hagáis frente al que os hace mal”
Respecto a lo de Sodoma: tengo entendido que el pecado de sus hombres se castigó destruyendo toda la ciudad, niños (por tanto inocentes) incluidos.
Un saludo Andrés
Como ya ha dicho el señor Boto , nadie niega que el Dios del Antiguo Testamento sea un Dios cruel y castigador. Por lo tanto como bien dices nadie ha descubierto la pólvora. Tampoco entiendo por que tiene que aparecer referencias al PP partido en el que hay muchísimas personas que no creen en Dios ni son Católicos ( hay algo de obsesión).
Y por último , hacer referencia a tu mención de los islamistas. Creo que la crítica al Señor Saramago por su libro, no tiene nada , pero ni punto de comparación con las amenazas y censuras ( porque se ha censurado) que sufrieron los caricaturistas de Mahoma , o las sufridas por otros artistas y personas de la cultura que satirizan sobre el Islam.
Por lo tanto si puedo decir que la grandísima mayoría de la cristiandad , es mucho más respetuosa y menos fanática que los seguidores del Profeta Mahoma.
La única referencia al PP es en tono humorístico y la hizo el propio Rajoy hacer unos días refiriéndose veladamente a la condesa-presidenta: “Tengo mucha paciencia, pero Santo Job sólo hubo uno en la Historia”