Igualdad, ¿qué es igualdad?


Igualdad, igualdad es para mi lo que se deduce del siguiente ejemplo.

Imagina una carrera: la de los cien metros lisos. Hay una calle para cada uno de los dos competidores: la calle A para un hombre y la calle B para una mujer.

Es deseable que ambos partan del punto de salida en condición de igualdad: con igualdad de oportunidades (es decir, con las mismas oportunidades de ganar en tanto que calzan las mismas zapatillas, la misma ropa, están situados milimétricamente sobre la misma línea blanca etc).
Esta igualdad de oportunidades, que todos defendemos, está garantizada por los llamados “derechos liberales”, por los derechos fundamentales que dicen y positivizan en las normas del Estado que todos somos iguales.
Salen, en principio, en condiciones de igualdad porque ambos han ido a la escuela, porque el Estado les ha proveído de ella desde su más tierna infancia y han recibido una educación medianamente buena e igual.

Sin embargo, la calle por la que corre la mujer (o el inmigrante, o el económicamente desfavorecido, o una persona con algún tipo de discapacidad) está empedrada, bacheada, con barro y con sucesivas vallas que saltar (¿pero esta carrera no era la de los cien metros lisos? eso decían las leyes, la realidad muchas veces es otra)

Salieron a la vez, corrieron parejos unos cuantos metros, pero en la calle B, los múltiples obstáculos y trabas, han terminado por hacer que nuestra corredora caiga y se llene de barro, se lesione y pierda la carrera.
Que nuestra ciudadana B sea de facto, discriminada, que cobre menos por igual trabajo, que no consiga alcanzar puestos de relevancia dentro de la empresa a pesar de que son más las mujeres licenciadas, es decir, más capacitadas y con estudios superiores, que no pueda desarrollar una vida plena porque el esquema diario de trabajo-trabajo (trabajo fuera de casa y trabajo dentro de ella) se lo impide, que su puesto de trabajo va a peligrar cuando se produzca en la mujer un hecho biológico tan natural y normal como el embarazo. Estas son las vallas diarias que muchos han de saltar cada día.

Como ves, la igualdad de oportunidades, no siempre garantiza una igualdad de resultados. Por eso yo creo que la igualdad de verdad es la igualdad que yo llamo, procedimental o de desarrollo a falta de un nombre más inspirado para la teoría.
Esta concepción de la igualdad puede también expresarse con otro ejemplo muy gráfico: consistiría en ir con una apisonadora allanando el camino a quien encuentra piedras y dificultades especiales solo por ser mujer, inmigrante, pobre o minusválido.
Fíjate en este último término: “menos válido” ¿seguro? Si tuvieran el camino liso ( y contando con idénticas ganas de estudiar, de aprender, de conocer y de trabajar que tú y que yo), ¿serían de verdad menos válidos? Yo no lo creo. Los bordillos de nuestras ciudades, los que les impiden acceder a una biblioteca pública o a un centro de estudios, son la prueba más cruel de que el camino no es llano ni es el mismo para todos. No podemos permitirnos que unos tengan baches y otros disfruten de todo tipo de atajos en nivel de su renta o su condición.

¿Quién tiene que manejar la apisonadora que derribe las trabas? Un socialdemócrata como yo te dirá que el Estado democrático, fibroso y eficiente.
Y es que, la igualdad de oportunidades, son preceptos que vienen dados por los derechos liberales, que son básicos. Un paso más hacia la igualdad son los derechos sociales, los derechos que defendemos con más ahínco los socialistas. Que son desarrollo efectivo y real de los primeros.

Y ahora, a partir de esta reflexión se abren mil puertas para una pregunta ¿cómo funciona la apisonadora, cómo podemos manejarla y en qué dirección? No hay manuales de instrucciones, tenemos que inventarlos.

Se me ocurre, en el caso de la discriminación hacia las mujeres, que esas trabas son expresión superficial de los prejuicios subyacentes.
Atacando, por tanto la raíz cultural de estos, se lograrían muchas cosas. Desde la educación, por ejemplo.
Reinventarla. Educar en valores universales, revalorizar la vocación del profesorado, ensalzar la educación pública que es ya, en su concepto, garantía de igualdad (al menos de oportunidades) para todos, que renazca el valor del esfuerzo haciendo ver que con esfuerzo, mujer, inmigrante, minusválido (maldita palabra) tú puedes hacer lo que te propongas, que el esfuerzo valdrá la pena en una sociedad que te va a juzgar por tu carácter, por tu valía, por tus habilidades, por tu destreza y tu inteligencia… y no por tu género, tú físico, por la silla de ruedas en la que te mueves o por tu color de piel.

Los parches que muchas veces se ponen a la falta de igualdad no sirven. Lo demuestran los datos. ¡El problema es cultural, es de nacimiento! De nada sirven por ejemplo, las cuotas femeninas en los parlamentos o en los ministerios, que reine la señorita Infanta Sofía, los premios a las empresas para que contraten, a regañadientes, personal femenino si luego, en casa, en la calle, la discriminación y el machismo no cesan, se perpetúan de padres a hijos y de madres a hijas

Son más cómodos los parches, que duda cabe, pueden servir para salir del paso pero no son tácticamente eficientes ni permanentes y menos aún cuando muchas de las causas de la discriminación y la diferencia hunden sus raíces en cuestiones antropológicas del atavismo humano (de las cuevas y posteriormente de las iglesias, mezquitas, sinagogas).

Muchos se van por las ramas, pocos van a la raíz, como decía el filósofo Henry David Thoreau.

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11 Responses to “Igualdad, ¿qué es igualdad?”

  1. Franesco says:

    El sistema a seguir, pese a lo contrarios a ese deporte que solemos ser los socialistas, es el del "Hándicap" del golf, que iguala verdaderamente a todos los competidores. Para quien no lo conozca y siguiendo el ejemplo de los 100 metros lisos, lo explico: si Bolt ha acreditado en su última carrera 9,80 segundos y yo he hecho una marca de 13,50, en la siguiente carrera yo saldré exactamente 3,70 segundos antes que él, de cara a que se igualen las posibilidades de victoria. Ese hándicap se irá modificando (aumentando o descendiendo) en función de las siguientes carreras, de modo que si yo mejoro mi rendimiento la ventaja que me deja Bolt será menor. Y así tras cada carrera…

    Llevado al terreno de la vida, no sería muy difícil evaluar qué posibilidades tiene cada individuo (no cada colectivo, porque es chocante que un joven hijo de millonarios tenga ayudas por el mero hecho de ser joven, mientras no las recibe un hombre maduro de 55 años con ingresos escasos y cuyo trabajo está en el alero) de acabar obteniendo su meta, sea la que sea. Y así se establecería su forma de "competir". Siguiendo con el ejemplo, que si se demuestra que el joven del ejemplo ya cuenta con vivienda, porque se la ha pagado su padre, inmediatamente deja libre su cupo para que la ocupe otra persona que no la tiene y la necesita. Y así con todo.

    Pero, amigo Alberto, desengáñate: no hay opciones, al menos en el corto de plazo, de cambiar nuestro sistema de vida. Todavía no hemos tocado fondo (nuestra crisis consiste en que no se venden viviendas, no en que el personal se vea obligado a pelear por ellas) y ya sabemos que lo que se ventila en reuniones como la del día 15 es cómo "refundar el capitalismo". Los mismos perros con distintos collares…

    En todo caso, fantástico tema el sugerido por Bitdrain y que has desarrollado. Y a seguir.

    Un abrazo, compañero.

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  2. PROGRESSISME says:

    La igualdad al poder.

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  3. bitdrain says:

    Muchas gracias por la respuesta, en cuanto a calidad y extensión. No obstante, en mi caso particular creo que necesito madurar algunas cosas sobre la igualdad y lo que ella significa y expandir el círculo que pareces limitar a "mujer, inmigrante, minusválido", aunque conociéndote supongo es sólo un ejemplo.

    Un saludo.

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  4. bitdrain says:

    Por cierto, ¿qué papel jugarían las mayorías tradicionales, privilegiadas, en ese proceso de igualdad?.

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  5. Alberto Ginel Saúl says:

    Efectivamente, Bitdrain, son tantos los apartados y las personas que ven frenado su potencial por una estructura social descompensada que los aquí citados son solo ejemplos, botones de muestra.

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  6. Rodrigo Parra Fernández says:

    aunque parezca manido, la igualdad es también esto:

    http://www.elpais.com/articulo/sociedad/mujer/podra/ser/cotitular/explotacion/agraria/familiar/elpepusoc/20081110elpepisoc_3/Tes

    El nombre de "tu teoría" necesita mejorar jejeje, pero estoy muy de acuerdo. La incognita que me salta es ¿qué ocurre si la apisonadora funciona mientras están corriendo? Y sobre todo, ¿si no alcanzan los mismos resultados ya no en el bis a bis sino entre las propias mujeres y los propios hombres tenemos que usar de nuevo la apisonadora per se o aceptaremos que no todos los seres humanos somos iguales (que nadie saque la punta de la visión de genero xq no voy por ahí) sino equivalentes?

    De todos modos, la respuesta a mi pregunta es insulsa e invalida mientras no pase la apisonadora e iguale las oportunidades de partida.

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  7. acartier says:

    Yo no estoy de acuerdo con la teoría del Handicap de Franesco.
    Creo que la igualdad se basa en que en el momento de la salida todos hayan podido entrenar el mismo tiempo, con los mismos medios, con las mismas instalaciones… y que gane el que llegue antes por sus ganas, por su buen hacer, por ese puntito de suerte que también es la vida. Y eso sí, que sean de verdad 100m LISOS para TODOS.

    Y como apuntas a mitad de texto, la clave está en el cambio de educación. El resto son parches más o menos útiles.

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  8. Alberto Ginel Saúl says:

    Yo pienso como Cartier La igualdad de oportunidades está muy bien (que todos entrenemos las mismas horas, que tengamos la misma preparación, que corramos con las mismas zapatillas etc) pero de nada sirve sin la "igualdad de desarrollo" (¿le ponemos otro nombre, Rodri?) que desarrolla efectiva y realmente la mera igualdad de oportunidades.

    Porque sí, todos podemos calzar las mismas zapatillas, unas muy buenas, pero no es lo mismo correr 100 metros de vallas, baches y barro que 100 metros lisos, qué duda cabe.

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  9. Franesco says:

    Compañero Cartier: puse el ejemplo del "Hándicap" porque Alberto usaba el símil deportivo. Pero la explicación sirve, en clave político-económica, con el tipo de ayudas que ofrece la Unión Europeo. Es decir, pienso que para acercarnos a la igualdad, el sistema que se adopte debe ser revisable: las regiones son ayudadas y reciben fondos hasta el momento en que alcanzan el mismo nivel que las otras; en ese momento dejan de recibirlas. Y si vuelve a haber diferencias, se vuelven a implementar las ayudas. No hacerlo así supondría que, dado un estado diferencial que provoca que se ayude a tal o cual colectivo (no pongos ejemplos porque este es un tema que siempre se presta a la bronca innecesaria), se estaría ayudando a ese colectivo sine die, de tal modo que al final ese colectivo hoy discriminado se convertiría en privilagiado. Algo así coomo si en el caso de la UE que utilizo, úna región que en 1980 necesitaba ser ayudada en el año 2050 siguiera recibiendo ayudas pese a ser la más pujante de Europa.

    Un saludo.

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  10. melibea1980 says:

    Muy buena entrada Alberto.Me ha gustado mucho.

    Respecto al símil con la carrera y al mencionado "handicap" de franesco, creo que es lo que en derecho, corrígeme si me equivoco, Alberto, llamaríamos "discriminación positiva", es decir, que a determinados sujetos con unas características determinadas se les den ciertas ventajas, ayudas… etc.

    Esta discriminación positiva está bien y tiende a la igualdad, el problema que yo veo en ella es el fraude, digamos por ejemplo: que alguien falsea unos documentos para obtener una ayuda… y ahí está el problema.

    En cuanto a lo que decís de darle ayudas a un chico rico por ser joven y no dárselas a un hombre de 55 años que es pobre, estoy totalmente de acuerdo con vosotros pues es completamente injusto.

    Reitero que no es igualdad, darle a todos lo mismo, no, porque esa igualdad lleva a la desigualdad en cuanto a que los sujetos son diferentes a priori.

    En cualquier caso, creo que la plena igualdad es un ideal y que como dices Alberto, en determinadas cuestiones como por ejemplo: diferencias de género, está claro que lo importante es la cimentación de la educación, creo o quiero creer que nuestras próximas generaciones serán más conscientes de esto.

    Muy buen blog, te seguiré leyendo.
    Salu2

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  11. bitdrain says:

    No entiendo por que esa obsesion con la igualdad. Al final resultara cierto que nuestro ideal como raza es ser un conjunto de clones, una masa uniforme…

    Ayudemos a quien lo necesita, erradiquemos la pobreza, incrementemos el apoyo de las capas mas desprotegidas, pero no hablemos de igualdad. Carece de sentido.

    Es igual un homosexual a un heterosexual porque el primero de ellos pueda contraer matrimonio en igualdad de condiciones que el segundo. No, en absoluto. Quizas fuera una "injusticia social" y asi yo lo creo, pero no un hecho tratable bajo "la igualdad".

    Es el acceso de la mujer y su acceso laboral/ocupacion de puestos de responsabilidad un problema de igualdad. No, es un problema de mentalidad que subsana con politicas educativas, no con feminismo.

    Y asi, un suma y sigue.

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